Este domingo el Papa Francisco encabezará la ceremonia de canonización de María Antonia de San José, popularmente conocida como Mama Antula, en la Basílica de San Pedro en Roma. En la antesala a la celebración que convertirá a la beata en la primera Santa argentina, el arzobispo de La Plata, Gabriel Mestre, consideró que su historia “es un verdadero testimonio de audacia, misión y de valentía”.
“Siempre una canonización para el territorio particular de donde es el santo es algo significativo. En este caso tiene la particularidad de ser la primera santa mujer canonizada para la Argentina y que la canonice un Papa que es de la Iglesia Universal y, además, es argentino”, comentó el arzobispo en diálogo con El Editor Platense.
“Mamá Antula es un verdadero testimonio de audacia, misión, valentía, y de parresía porque en un contexto cultural donde la mujer no tenía un lugar importante en la vida de la Iglesia, una vez que son expulsados los jesuitas, despliega la tarea de difundir los ejercicios espirituales en distintos ámbitos como una verdadera misionera. Es una especie de brochera”, señaló Mestre, en referencia a San José del Rosario Brochero, el “cura gaucho” de Córdoba que fue beatificado en el 2013.
Mestre destacó el significado de la santificación de Mama Antula en medio del conflictivo escenario social y económico que atraviesa el país. “A los que somos personas de fe nos ayuda a mantener viva la positiva atención para transitar los caminos de solidaridad, de justicia, de trabajo, de desarrollo que la doctrina social de la Iglesia nos invita a vivir y que tenemos que comprometernos en nuestro tiempo”, señaló y remarcó: “Nuestro tiempo es distinto al tiempo de Mama Antula, pero la respuesta valiente, misionera, audaz de ser Iglesia en salida, como nos dice el Papa Francisco, la debemos mantener todos con total y absoluta claridad”,
“Entonces, no solamente intercede por la Patria argentina, Mama Antula, sino que nos anima a que asumamos hoy el compromiso que tenemos que asumir, cada uno desde nuestro lugar”, selló.
Actividades en La Plata
En la ciudad de La Plata, la celebración central para acompañar la canonización de Mamá Antula será en la Basílica San Ponciano, santuario de María y Todos los Santos ubicado en 5 y 48, donde se encuentra la imagen y las reliquias de la beata santiagueña. Antes de fin de mes se realizará una entronización de la imagen en la parroquia Cristo Rey de la ciudad de La Plata, y a comienzos de marzo, un mural de la ya Santa en la parroquia San Pedro y San Pablo de Berisso.
“Serán distintos hitos donde dejamos que la presencia de Mama Antula nos acompañe, nos estimule, y esté presente en distintos rincones de la Arquidiócesis de La Plata”, cerró Mestre.
El largo proceso de canonización
El proceso de beatificación y canonización de Mama Antula se inició en 1905, y pasaron más de 100 años hasta que finalmente será reconocida como la Primera Santa de Argentina. Durante su vida, recorrió descalza más de 4000 kilómetros en plena época colonial, enfrentó numerosos obstáculos y adversidades en el camino.
Nació en 1730 en Silípica, Santiago del Estero, en una familia de encomenderos rodeada de lujos y todos los honores. A los 15 años dejó su entorno privilegiado, con todas las ventajas que su posición social ofrecía. Decidió ser laica consagrada e ingresar al beaterio de los jesuitas. Decidir no era cosa de mujeres en la estructura patriarcal y jerárquica.
Al tomar esta decisión, adoptó el nombre de María Antonia de San José, dejando atrás su apellido Paz y Figueroa. La injusta y cruel expulsión de los jesuitas de América la impulsó a tomar el mando. Decidió volver a abrir las Casas de Ejercicios Espirituales de la Compañía de Jesús. Ella sabía que emprendía una actividad prohibida por el rey Carlos III y el papa Clemente XIV, pero decidió asumir el riesgo al verse conmovida por el vacío social y espiritual que dejaba la expulsión.
Mama Antula recorrió esos 4000 kilómetros desde que salió de su tierra natal hasta que llegó a Buenos Aires. En un determinado momento supo que haría "una obra grande como Dios y para Dios" y así, con limosnas, pudo fundar la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de Buenos Aires.
La Iglesia Católica le atribuye dos milagros a la laica jesuíta. La curación de la hermana religiosa Vanina Rosa en 1905 fue el primero de ellos, en tanto que la recuperación de un hombre de un accidente cerebrovascular a comienzos del siglo XIX constituye su segundo milagro.